jueves, 5 de mayo de 2011

Inmortalidad. Capítulo 3. (2/2)

Gareth, Kristall y Dren vivían con los padres de los mellizos, ambos eran unos humildes brujos, que casi nunca solían estar en casa, debido a sus continuos viajes de una punta a otra de la ciudad. Dio justamente la casualidad de que aquella misma noche, en la que habían encontrado a esa desconocida, ellos llegaron después de haber pasado dos semanas en la zona este de la ciudad.
Los padres de los mellizos se sorprendieron bastante al ver a Iziar allí, le preguntaron de donde venía, quienes eran sus padres y como había llegado hasta su dimensión. Preguntas a las que Iziar no fue capaz de contestar.
Fue entonces cuando Gareth explicó toda la historia de que los hijos del Sol la perseguían, que Dren decía que era un vampiro. El padre, llamado Lars, fue el que intervino entonces, en la retahíla de su hijo:
-         Si lo que dices es cierto, debe quedarse aquí. Todos los hijos de la Luna sin hogar son bienvenidos en esta casa.-Kristall le pegó un discreto codazo a Dren.- No podemos dejar que Esplendora acabe con más de los nuestros.
Lars miró a Iziar a los ojos, y dijo:
-         Decidido. A partir de ahora te quedas aquí. Bienvenida a la Ciudad de las Sombras, Iziar.
La muchacha apenas sabia que decir, ella, que ya de por sí era tímida, ahora era incapaz de hablar, tan solo asentía con la cabeza. No era capaz de decir que lo único que quería era encontrar a su hermano, y volver con él a Londres. Se sentía demasiado cansada para ello, para más explicaciones.

La madre, Kait-Lan, preparó una apresurada cena, algo que parecía sopa, y que no sabía mal. Todos se sentaron en la sala de los cojines, alrededor de una mesa alargada y baja, sentados en el suelo. Podrían hacerse pasar por una familia normal y corriente, si no fuera por aquellas pintas siniestras, por que sus melenas, negras como el azabache les caían sobre la espalda, hasta las caderas; y si no fuera porque Dren salió por la ventana, de un salto, para “ir a cenar”. Todo habría sido como en la vida corriente.
Gareth le dejó una minúscula habitación, donde normalmente dormían invitados, y le dijo que a partir de ahora esa sería su habitación. La habitación era oscura, siniestra, tenía una pequeña ventana, por la que se veía un cielo oscuro, alumbrado por la enigmática Luna. Pero ella no tenía miedo, por alguna extraña razón nunca había temido a la oscuridad, ni a monstruos escondidos bajo la cama. Terry en cambio, siempre había manifestado un miedo irracional a la noche. Eran incontables las noches en las que Iziar le tenía que hacerle sitio en su cama, porque él no podía dormir. Terry… ¿Dónde estaría? ¿Estaría bien? ¿Se estaría preguntando donde estaba ella?
Estos fueron los últimos pensamientos de Iziar antes de caer profundamente dormida.

Esplendora sonreía, con evidente satisfacción, sin dejar de observar la transformación de joven e ingenuo hijo de Aksel.
Un guardia, se acercó temeroso a ella. Le susurró algo al oído. No fue breve, pero el rostro de la Reina de La Luz se crispó, debido a la irritación. Estaba furiosa. Aksel no se dio cuenta de ello, pues la ceremonia se había consumado con éxito, y el chico había caído sin conciencia, sobre el suelo de mármol. Aksel se apresuró en hacer que las hadas lo llevaran al cuarto que ya le habían asignado. Se disponía a acompañarlo, cuando una voz a su espalda le sobresaltó:
-         Él está bien. Tardará un poco en despertar. Tengo que hablar contigo.
Tras echar una última mirada preocupada a las hadas que cargaban a su hijo recién encontrado, siguió a la su Reina.
Ambos se encerraron en una enorme y preciosa habitación, fue entonces cuando Esplendora estalló:
-         ¡No la han atrapado!
Aksel la miró, sin comprender.
-         ¿A qué te refieres?
-         ¡Al engendro! –casi chilló.- Sigue suelto…-jadeó.- Ha entrado en nuestra Dimensión.
Él se mostró sorprendido.
-         Envíe a una docena de los nuestros a por ella…
-         ¡Excusas! Esa cosa estaba ahí cuando tú fuiste a por Elden. ¿Cómo fue que no la viste?
La pregunta fue acogida por un largo silencio.
-         Era mi hijo…-articuló.- Yo…
-         ¡No te das cuenta de que lo más importante es acabar con esa cosa!
-          Bueno… pero, míralo bien, si el engendro esta en nuestra Dimensión, nos conducirá hasta los demás renegados. Además, tenemos algo que ella verdaderamente desea.
-         ¿Y qué es lo que verdaderamente desea? –inquirió la Reina.
-         A su hermano.
-         Han vivido juntos toda su vida, Elden es la única persona a la que el engendro puede recurrir, al fin y al cabo son familia. –comprendió Esplendora.
Aksel sonrió y Esplendora con él.
No sabía que hora era. El cuarto seguía oscuro, a través de la ventana se podía ver la Luna, redonda y enorme. En cambio se escuchaba actividad en la planta inferior. Iziar llevaba ya un buen rato despierta, tenía la sensación de haber dormido demasiado, en cambio, seguía siendo de noche. Al fin se decidió a salir de la habitación, despacio, iba descalza, aún vestida con vaqueros y el grueso jersey azul. Bajó las estrechas escaleras de piedra, que eran de caracol. Y llegó a la salita. Allí estaba Kristall, sentada en un almohadón, removiendo el líquido que había en una especie de tazón. Se oyó el sonido la puerta principal, que se cerraba.
Iziar se quedó quieta unos instantes, temblando, sin saber si llamarla o no. Todavía todo le parecía tan irreal.
Fue entonces cuando la voz de Kristall la sobresaltó:
-         ¿Has dormido bien?
Ni siquiera se había girado para mirarla.
-         Ehm… ¿Es ya de día?
Le pareció graciosa la pregunta, pues se rió levemente, divertida.
-         No. En la ciudad de la Luna siempre de de noche, Iziar. Desde que las razas hemos sido divididas aquí nunca amanece.
Iziar tragó saliva, dio unos cuantos pasos hasta llegar hasta ella.
-         ¿Te apetece desayunar? –preguntó entonces Kristall, esta vez si que la miró.
Ella asintió. Kristall le indicó que la acompañara, descorrió una cortina opaca y ante las dos apareció lo que parecía una cocina. Iziar cayó en la cuenta de que tenían frigorífico y un mini-microondas. Ella frunció el ceño, sorprendida. Kristall rebuscaba en una alacena.
-         ¿Y cómo sabéis cuando hay que dormir? –preguntó entonces Iziar.
-         Dormimos cuando tenemos sueño, simplemente. Los horarios están descontrolados.
Iziar suspiró.
-         Oye, Kristall, no tenéis porque acogerme aquí para siempre, yo…
-         No nos importa, Iziar.-la cortó Kristall.- No eres la primera criaturilla abandonada que se queda a vivir con nosotros. Dren también se acopló a la familia, pero de eso hace ya muchos años…-suspiró.-Los hijos de la Luna somos cada vez menos, con lo cual debemos de estar unidos. Cuidar los unos de los otros. ¿Entiendes?
-         Sí… pero… yo tenía una vida en… mi dimensión. Vivía en Londres, con mi madre y mi hermano… Tan solo quiero encontrar a mi hermano y me iré.
Kristall se mordió el labio inferior, mirándola con gravedad.
-         ¿Tu hermano era un “humano” o era vampira como tú?
-         ¡Yo no soy vampira! –exclamó entonces Iziar.
-         Dren dice que sí. Y créeme, él no suele equivocarse, ni mucho menos salvaría a una simple humana.
La joven londinense tomó aire. Todo era cada vez más confuso. ¿Por qué estaba tan convencido aquel vampiro de que ella era como él?
-         El caso, es que mi intención es encontrar a mi hermano. No sé si él es…
-         Comprendo. Pero si tu hermano es humano, o es hijo de la Luna, no dudes en que si Esplendora lo ha encontrado… ya debe de estar muerto.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la muchacha. Kristall lo notó, pero no encontró algo adecuado que decirle, así que llenó otro tazón, y le dijo a Iziar que desayunara con ella en la salita.
Cuando las dos estaban sentadas e Iziar removía el líquido blanco del tazón, con desgana, su acompañante dijo:
-         Si quieres ahora me pongo en contacto con la central de Espías. Ellos sabrán si…
-         ¿Sabrán qué? –el vampiro había entrado en la salita, por la ventana.
Iziar se sobresaltó, y estuvo a punto de derramar el contenido de su tazón.
-         Iziar quiere encontrar a su hermano, al parecer él también está aquí.
Dren fijó sus ojos grises en ella, la miró con gélida burla.
-         Imposible. No ha habido noticias de que nadie haya atravesado el Portal desde la Dimensión de los Humanos.
Iziar le miró aturdida, aquel vampiro la ponía de los nervios y a la vez la fascinaba y desconcertaba tanto… era como si él pudiera ver a través de ella.
-         Pero.- añadió él.- El ministro superior de Esplendora llegó unas horas antes de encontrar a Iziar de la Dimensión de los Humanos, venía con un prisionero.
-         ¡Ese debe de ser mi hermano!
Dren frunció el ceño, movió la cabeza, con desaprobación.
-         Ese prisionero era el propio hijo del ministro. No puede ser tu hermano.
Iziar iba a replicar, pero algo en los ojos del vampiro le impidió hablar. Fue la extraña mirada que le echó antes de volver a salir por la ventana.
Kristall se rió entonces.
-         Perdona si se comporta de forma extraña. Él es… así.
-         Y… ¿Dren no es entonces de vuestra familia?
-         No. Mis padres lo encontraron entre las ruinas del portal principal al Reino de los Humanos… que fue destruido hace catorce años. Tan solo tenía cinco años por aquel entonces. Estaba entre centenas de cuerpos inertes de vampiros. Entre ellos debían de estar sus padres, fue el único superviviente a un ataque de Esplendora, de la masacre al ejército de los Hijos de la Luna. Seguimos sin saber que hacía el ejército del Señor de la Noche en ese Portal. Dren no habla de ello…
-         ¿El Señor de La Noche?
-         Sí, nuestro Rey… esta ciudad esta construida alrededor de su palacio.
-         ¿Y que opina vuestro Rey de que Esplendora os persiga y…?
-         Nuestro Rey lleva catorce años encerrado en su palacio. Te explico: Esplendora subió al poder, porque su hermana mayor enfermó, eso fue hace catorce años, cuando esto ocurrió, el ejército del Rey se reunió en el Portal al Reino de los Humanos, allí sufrieron el ataque de Esplendora y… todos murieron.
-         Excepto Dren.
-         Excepto Dren, así es. Cuando ocurrió eso el Rey se encerró en su palacio, aislado de toda su gente… no ha salido de ahí desde entonces. Creo que ni siquiera sabe que estamos en peligro… Los hijos de la Luna somos cada vez menos, Dren era él único vampiro vivo que quedaba, sin contar al Rey que también es vampiro, y ahora estás tú.
Iziar tragó saliva, estaba en medio de una guerra de criaturas de cuento y su hermano estaba perdido por aquel lugar desconocido. Tenía que encontrar a Terry fuese como fuese. Solo había unos ligeros inconvenientes. No sabía donde estaba y una panda de maniáticos quería matarla. Por fin, probó el líquido blanco y se sorprendió al comprobar que tan solo era leche.




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