Iziar acababa de levantarse, se había puesto una camiseta roja y negra, con una especie de corsé por detrás, no tenía mangas y dejaba sus hombros al descubierto, luego unos pantalones negros, que le quedaban algo estrechos. Pero mientras se estaba peinando, comenzó a oír gritos, a gente corriendo por las calles, sintió como alguien subía y bajaba las escaleras, salió del cuarto de baño, y cuando llegó a la salita se encontró a Dren bajando apresuradamente. Le llamó, y este se volvió al comienzo de las escaleras.
- ¿Qué ocurre, Dren?
- Nos atacan.-dijo este.- Los Hijos del Sol. Un pequeño ejército. Quieren matar a más de los nuestros. Están por las calles. Voy a salir a luchar…
- Voy contigo.-dijo ella.
- ¡No! –Dren negó con firmeza, volviéndose de repente hacia ella.- Tú quédate aquí, escóndete, pero, por lo que más quieras, que ningún Hijo del Sol te vea. No salgas, Iziar.
Ella apretó los puños.
- ¿Por qué no?
- No estas preparada… -susurró y bajó las escaleras.- ¡No te muevas de aquí! – Repitió antes de cerrar la puerta.
Iziar se mordió el labio inferior. Los Hijos del Sol, es decir, que era muy probable que Terry estuviera por allí. Decidió que no le iba a hacer caso a Dren, que iba a salir a buscar a su hermano, y juntos escaparían de aquella dimensión. Pero… ¿De verdad Iziar quería escapar? Desechó aquel pensamiento, su lugar estaba en Londres, junto a Terry… no en aquel lugar… junto a Kristall, Gareth… Dren.
Subió a la terraza, por allí también había gente que huía o que se metían a esconderse en su casa, vio a una madre corriendo con su hijo pequeño en brazos a refugiarse en su casa. El cielo nublado estaba surcado por una decena de brujas que volaban a gran velocidad con sus escobas, estas brujas perseguían a enormes pájaros dorados, tres veces más grandes que ellas, estos pájaros contaban con jinetes, tipos altos delgados, con orejas puntiagudas y largas túnicas blancas y doradas. Hijos del Sol, contra Hijos de la Luna. No se paró mucho a mirar la lucha, saltó hasta una terraza más baja, a continuación saltó al suelo, aterrizando de pie en la calle. Se sintió orgullosa de si misma, Dren la había enseñando a aterrizar de pie y a saltar de aquella manera por las terrazas. Sonrió al recordar eso. En el fondo iba a echar de menos al vampiro.
Atravesó unas cuantas calles, esquivando a gente que corría, vio a hombres lobo destrozando a personas de pelo azul, cruzó hacia la derecha, y vio a Gareth alzando una barita mágica realizando un hechizo contra unos cuantos duendes, Kristall estaba más allá. Pasó de largo aquella calle, la gente luchaba y la ignoraban, también se topó con Sombras, que estaba demasiado entretenido masacrando a uno de los enemigos, haciéndole chorrear sangre por toda la calzada, disfrutando con cada grito de dolor que emitía su víctima; siguió más adelante, era mejor que ellos no la vieran, en la siguiente encontró a Dren, este no la vio a ella, Iziar le vio de refilón, el vampiro era rápido, ágil, usaba técnicas de lucha que ni siquiera ella había visto. Luchaba con una especie de monstruos azules que alargaban sus extremidades y tenían dientes enormes ¿Qué era eso? Dren sacó un enorme sable de alguna parte, y le rebanó la cabeza a uno. La sangre chorreaba por el sable, al vampiro le dio tiempo a pasar su lengua por el arma, antes de atravesar el pecho de otra. Iziar sacudió la cabeza, él no podía verla allí, huyó calle abajo. Se había quedado como una tonta mirando al vampiro. Su misión era encontrar a Terry.
Vio a enormes pájaros dorados volando por encima de la ciudad, algunos se habían posado en las azoteas, así debía de ser la forma por la que ellos habían entrado.
De repente apareció un hada por detrás, se miraron a los ojos un leve instante, luego Iziar arremetió contra ella, la agarró por las alas, se las dobló en un ángulo peligroso, y la pegó a la pared.
- ¡El engendro! –gritó el hada.
A pesar de la sorpresa que sintió Iziar al ver como la había llamado, la pegó más a la pared, el hada no volvió a gritar, cuando Iziar la soltó ella se desplomó en el suelo, la había asfixiado, tal y como le habían enseñado.
Sintió algo que se rompía dentro de ella al ver que verdaderamente había matado a una criatura tan bonita. Pero tenía que ser así, iba a delatarla y era el enemigo. “Nunca tengas piedad” le había dicho Dren tantas veces.
Soltó aire, y siguió su camino. Corriendo, quizá Terry no había venido, pensó, desalentada.
Se oyó un grito y una bruja cayó al suelo, inconsciente, a los minutos cayó su escoba, Iziar esquivó ambas cosas y entonces reconoció una figura masculina, vestida de blanco, era él, se dijo ella. Estaba al lado de un enorme pájaro dorado.
- ¡Terry! –gritó ella, corriendo hacia él, su pelo ondeando hacia atrás, y vestida de negro. Estaba algo cambiada, era verdad, pero él tampoco parecía él mismo así vestido.
Él se volvió hacia ella, estaba solo en aquel callejón sin salida. Sonrió ampliamente. Y entonces ambos se confundieron en un fuerte abrazo, Iziar sintió como lágrimas corrían por sus mejillas.
- Terry, Terry, Terry…-dijo, mientras cogía el rostro de él con las manos.- No sabes lo que te he echado de menos… yo…
Paró de hablar. Era su hermano, Terry. Pero había algo en él que se le escapaba.
- Terry soy Iziar… tu hermana. Sé que estoy diferente pero… volvamos a Londres… Esplendora tiene un portal…
Volvió a callar, Terry estaba mudo. Y cuando sus ojos azules se cruzaron con los suyos, de un nuevo color dorado, intentó retroceder pero era tarde. Su hermano la agarró por las muñecas, y la atrajo a él, con violencia.
- ¿A dónde te crees que vas?
- ¡Suéltame Terry!
- Mi nombre es Elden. –dijo él, seguía sonriendo.
- ¡No! –Iziar temblaba.- Eres mi hermano y te llamas Terry, y …
- Eso no es cierto.-dijo, fulminándola con la mirada, acto seguido le propinó una fuerte patada que la hizo chocar contra la pared.
Iziar gimió, miró a Terry totalmente aturdida, desconcertada. Estaba cambiado.
- Tu y yo no somos hermanos, engendro.-escupió él.
Notó como lágrimas volvían a caer por sus mejillas. No eran lágrimas de felicidad. Apretó los dientes.
No le dio tiempo a levantarse, Terry la alzó, ella intentó escaparse de él. Elden la golpeó más fuerte, rodó por el suelo, Iziar no tenía fuerzas para luchar contra él, no podía luchar contra Terry… nunca le había llevado la contraria…
Perdería aquella pelea, y ella lo sabía, tenía que intentar convencer a Terry.
Pero no le salía la voz, temblaba violentamente. Elden avanzaba hasta ella, esta se levantó y empezó a huir, corrió calle arriba, giró la cabeza y vio que Elden se había montado en el enorme pájaro y que la seguía montado en él. El pájaro graznó, de forma chillona, y un extraño líquido salió de su boca, una sustancia azul celeste, Iziar saltó, la esquivó, estaba totalmente asombrada de lo mucho que habían funcionado los entrenamientos del vampiro. Al esquivarlo, perdió el equilibrio, tropezó con algo y cayó al suelo. Allí se dio cuenta de que aquella sustancia azul había derretido la acera, creando un enorme agujero, Elden no tardaría en alcanzarla, las amenazas de Jane resonaban en su cabeza, era como si su cerebro quisiera maltratarla ya que Jane no estaba allí para decirle su típico: Te lo dije. Tenía que huir, esconderse o… vio la escoba de la bruja un poco más allá. Había tenido una idea, una vía de salida, estúpida, arriesgada… pero era una idea, y podría servir. Nunca había montado en una escoba, no era un bruja, pero había visto a las brujas volar en aquellas escobas durante el tiempo había estado allí.
Echó una apresurada carrera, tomó entre sus manos la escoba, se montó en ella, Elden estaba a unos metros.
- Arriba.-susurró.
La escoba no hizo caso, se sintió ridícula.
El pájaro estaba detrás de ella.
- ¡Arriba, arriba, arriba! –gritó y entonces cuando estaba a punto de ser engullida por el pájaro dorado, la escoba se alzó en vuelo, Iziar se agarró con fuerza al mago, se dirigía mediante órdenes, tal y como Gareth le había explicado. El pájaro alzó el vuelo casi al mismo tiempo que ella.
Iziar podía sentir la presión de aire allí arriba, sus pulmones ardían, la escoba se tambaleaba peligrosamente, e Iziar se agarraba como podía a ella, intentando sujetar el mago con cierta firmeza, dio una voltereta, sin quererlo. El pájaro le lanzó una nuevo bocada de esa sustancia azul.
- ¡A la derecha! –Chilló ella.
Lo esquivó por los pelos. Accidentalmente se chocó con otro pájaro e hizo caer al jinete, el pájaro quedó en libertad y se marchó volando, Iziar seguía tambaleándose; derecha, izquierda, derecha, izquierda, iba en zig-zag.
Elden le gritó algo al pájaro, pues este aumentó la velocidad.
- ¿Ah si? –Se dijo Iziar.- ¡Más rápido!-le ordenó a la escoba.
No iba a dejar que Terry la alcanzara, ya no era él. No era él…
La escoba se tambaleó más todavía, no paraba de dar órdenes constantemente, se estaba mareando, demasiado, todo empezó a darle vueltas. Una bocanada pasó demasiado cerca de ella. Iziar jadeaba. De repente se encontró justamente al lado del pájaro, Elden la miraba, sonriendo, no con maldad, pero no era su sonrisa, no lo era…
El pájaro dirigió la cabeza hacia ella.
- ¡Más rápido! –gritó ella.
La escoba no obedeció.
Miró a su hermano a los ojos, su rostro no mostraba ni un ápice de lastima, tristeza… tan solo mostraba una artificial felicidad.
- Terry…-gimió ella, los labios le temblaban.- Terry… por favor… tú no quieres hacer esto…
Él no contestó.
- Fuego.-dijo.
- ¡Abajo!-gritó entonces Iziar.
La sustancia alcanzó la escoba, que caía en picado, el mango quedó clavado en la calzada e Iziar salió disparada por los aires, rodó por el suelo y chocó contra la pared, de nuevo. Vio ante sus ojos como la escoba se disolvía, intentó respirar. Le dolía todo el cuerpo.
Elden aterrizó. Iziar pensó que iba a morir.
- ¡Terry no!
Fue entonces cuando algo llegó corriendo, un enorme lobo marrón, que se lanzó encima del pájaro, el lobo gruñó. Ambos se enzarzaron en una pelea.
Alguien más llegó, la sujetó por los hombros.
- ¡No te dije que no te movieras! –Dren estaba arrodillado junto a ella.
Iziar le miró jadeante:
- Terry…-fue lo único capaz de decir, en aquel momento fue incómodamente consciente de que estaba llorando, el vampiro alzó la mirada y vio la pelea que mantenía el lobo contra el pájaro y el jinete.
- Te lo advertí, es el destino de Terry.
Iziar hizo un intento de secarse las lágrimas. Pero se dio cuenta de que no podía dejar de llorar.
- ¿Te ha hecho daño? –preguntó Dren, con un tono peligroso, mientras miraba furioso a Elden.
Ella no contestó, él secó sus lágrimas con las yemas de sus dedos, eso la hizo estremecer, al sentir su gélida piel sobre sus mejillas encendidas, y durante unos infinitos segundos se quedaron mirándose fijamente a los ojos, la mano del vampiro seguía sobre su mejilla.
Se separaron bruscamente cuando el lobo aterrizó junto a ellos en la pared. Este comenzó a trasformarse, lentamente en una figura femenina.
Elden se encontraba de pie, mirándolos con sus ojos dorados. Dren se levantó de un salto, y le enseñó los dientes. Siseó.
Elden silbó.
- Volveré a por ti, engendro. –juró, antes de volver a montar en el pájaro y desaparecer en el cielo.
Dren se quedó mirando fijamente el lugar donde Elden había desaparecido, ceñudo, con una gélida ira titilando en sus ojos grises, se quedó mirando como los supervivientes Hijos del Sol, huían de la ciudad en aquellos pájaros.
Iziar se levantó, como pudo, se volvió hacia la chica-lobo. Ambas se miraron. Ella no tenía una piel muy pálida, grandes ojos marrones, tan oscuros que parecían no tener pupilas. Su pelo era castaño, largo, le caía sobre los hombros. Vestía de cuero, ropa muy ajustada.
Iziar le tendió la mano para ayudarla a levantarse, no estaba herida.
Ella le sonrió.
Iziar sintió a Dren a su espalda.
- Gracias… -articuló Iziar.- Por venir y…
- No hay que darlas. –vio que sonreía, pero que miraba más allá de Iziar; comprendió que estaba mirando a Dren.
Este se puso al lado de Iziar y dijo:
- Bien hecho, Frida.
La chica-lobo volvió a sonreír.
Dren le puso la mano en el hombro a Iziar.
- Volvamos a casa, anda. –dijo, con un tono que se rozaba la ternura.
Se despidieron de Frida.
Estuvieron mudos durante una pequeña parte del camino, luego Dren la reprendió:
- Deberías haberme hecho caso.
- Lo sé.
- Al menos habrás aprendido la lección. Te dije que Terry había cambiado.
- Lo sé.- repitió ella, irritada. –Y he comprendido una cosa, Dren.
- Genial, vamos progresando. ¿Qué has comprendido?
- Que tendré que acabar esta guerra.
Dren no dijo nada.
- Verás.-confesó.- Yo quería volver a Londres. Pero… me he dado cuenta de que eso no es posible, de que verdaderamente hay cosas que tengo que hacer aquí, y que…-soltó aire al decir aquello.-Por fin siento que valgo para algo, que no soy tan inútil…
El vampiro le dedicó una media sonrisa.
- Tú no eres inútil.-dijo, con cierta suavidad.- Y me alegro de que al fin hayas comprendido que este es tu lugar, Iziar.
Ella suspiró.
- Además.-siguió ella.- Quiero encontrar a mis padres… quiero conocer quienes fueron realmente.
Dren bajó ligeramente los párpados.
- Eso no será tan fácil.-susurró.
- ¿Por qué? ¿Tú sabes quienes son?
El vampiro se mantuvo callado.
- Todavía es demasiado pronto para que sepas quienes son.
- ¿Por qué, Dren?
- Porque mientras tanto, lo más seguro para es ti es que tu identidad quede en secreto.
- Pero para ello, se supone… que yo debería saberla ¿no?
Dren negó despacio, habían llegado a la puerta de la casa.
- Confía en mí. –dijo entonces él, mirándola a los ojos.
- Ya lo hago. –replicó Iziar.
- Eso está bien. –sonrió, estaba a punto de subir las escaleras, pero la conversación no había terminado.
Iziar lo agarró del brazo.
- Dren…
Él se volvió hacia ella.
- Quiero preguntarte una cosa.
- Dime…
- ¿Por qué sabes tanto sobre mí? Tengo la sensación de que tú si sabes quien soy yo, pero hay algo por lo que no me lo quieres decir.
Él suspiró, quedadamente.
Se retorció las muñecas, nervioso. Tardó en contestar.
- Mis padres…-musitó, con un tono distante.- conocían a los tuyos.
Ella abrió la boca, iba a añadir algo más, pero Dren entró en la casa, sin duda, no quería hablar del tema.
Esplendora estaba en su trono, sentada, el Sol entraba a través de los grandes ventanales. En ese momento alguien entró en la habitación.
- Elden. –pronunció su nombre, mientras él caminaba hacia ella.
Se paró a unos metros, recto y dijo:
- Sabemos donde está el engendro.
- Bien.
- Un vampiro la protege.-dijo entonces Elden.
Esplendora alzó las cejas, y se levantó:
- ¿Un vampiro? –su tono era ligeramente peligroso.
Elden asintió.
- Descríbemelo. –ordenó ella.
- Pelo rubio cenizo, casi blanco, ojos grises, alto, esbelto…
Ella le miró, pensativo.
- Entonces, el Rey de la Luna no la está ayudando. Interesante. Averigua más acerca de ese vampiro. Quiero saberlo todo acerca de él. ¿Has entendido?
- Sí, mi Reina.-dijo y le dedicó una reverencia.
- Retírate, y ponte a trabajar. Quiero acabar con los Hijos de la Luna cuanto antes.
Elden asintió.
Iziar estaba en la salita, se dio cuenta de que estaba llena de moretones.
Gareth y Kristall llegaron en aquel momento.
- ¡Iziar! –exclamó Kristall.
- ¿Qué te ha pasado? –terminó Gareth.
- Salí. –resumió Iziar.
- ¿Estas bien? –Gareth se sentó junto a ella, la miró preocupado.
- Tiene que aprender a ser fuerte.-se oyó la voz de Dren desde la cocina.
Kristall le hizo un mohín, burlándose del vampiro. Ambos no tenían rasguños, aunque se les veía cansados.
- Haber.-dijo Gareth, mirándola con ojo crítico, mientras sacaba su barita.- Te haré de un conjuro de curación instantánea.
El brujo susurró una sarta de palabras que Iziar no entendió, y de repente los moretones se fueron esclareciendo, hasta desaparecer de su piel.
- Gracias, Gareth.-musitó ella, con una sonrisa cansada.
Él sonrió, y no fue capaz de decir algo que tuviera sentido.
- Bueno.-suspiró Kristall.-Yo voy a dormir un rato.
- Yo creo que también.-dijo Iziar.
- Que descanses.-le dijo Gareth.
Iziar sonrió.
Gareth se metió en la cocina, Dren estaba bebiendo sangre de una pequeña botella de cristal.
- ¿Hay algo interesante en la nevera?
- Queso.-Dren arrugó la nariz.- Y manzanas.
Gareth cogió una manzana.
- El queso está pasado. –comentó.
- Ya me he dado cuenta.-dijo Dren.
El brujo se apoyó en la encimera, el vampiro devolvió la botellita al frigorífico, y se dirigió a la cortina, que servía de puerta.
- ¿A dónde vas?
- A un sitio.
Gareth frunció el ceño.
- Voy a ver a Sombras.-explicó él.
- Eso, está mejor.-rió el brujo.